ISITA: la promesa de que lo bello no necesita prisa

Isita aparece en ese momento en el que buscas algo más que piezas decorativas: conexión, una forma de vida, un refugio. Este proyecto, creado por Isabel Llanza y su madre, Isabel López-Quesada, no es simplemente una marca, es una extensión de ellas mismas. Una conversación íntima entre generaciones, donde lo viejo y lo nuevo bailan al compás de un gusto exquisito, creando un universo que trasciende lo material.

Cada pieza en ISITA cuenta una historia. Un jarrón de cerámica imperfecta que parece haber sido acariciado por el tiempo, mantas que invitan a tardes de chimenea y lecturas infinitas, vidrios soplados a mano que atrapan la luz como si fuesen pequeños tesoros. Es el tipo de decoración que no solo embellece una casa, sino que le da alma. Porque ISITA no busca impresionar; busca acompañar, ser testigo de risas, de sobremesas eternas y de la magia que sucede entre las paredes de un hogar.

El proyecto respira sostenibilidad y un respeto absoluto por lo artesanal. Todo aquí se toma su tiempo: desde los tejidos naturales que envuelven muebles, hasta los candelabros torneados que parecen salidos de un taller renacentista. Y quizá eso es lo que más me cautiva: el ritmo pausado, la promesa de que lo bello no necesita prisa. Es un recordatorio de que las cosas que de verdad importan en la vida —el amor, el hogar, el arte— requieren paciencia, cuidado y dedicación.

Hay algo casi mágico en cómo Isabel y su hija Isabel han conseguido fusionar el pasado y el presente. La elegancia clásica de López-Quesada se ve reinterpretada por el espíritu fresco y atrevido de Llanza, creando un estilo que ellas mismas definen como un "clásico con twist". Y qué twist. Un toque funky que se cuela en las líneas de diseño más sobrias, trayendo consigo un aire contemporáneo que, lejos de romper con lo tradicional, lo celebra.

En ISITA, una mesa no es solo un lugar donde comer; es un escenario para crear recuerdos. Un ramo de flores no es solo decoración; es una invitación a traer la naturaleza al interior. Una cesta tejida a mano no es solo funcional; es un homenaje a las manos que la crearon. Y eso es precisamente lo que hace que esta marca sea tan especial: su capacidad de capturar lo extraordinario en lo cotidiano, de transformar los objetos más simples en piezas cargadas de emoción.

Visitar su universo, ya sea a través de su catálogo o imaginándome en una de sus mesas cuidadosamente puestas, es adentrarse en un mundo donde la vida se saborea con calma y cada detalle tiene un propósito. ISITA no solo diseña objetos: crea historias que queremos vivir. Historias que, con el tiempo, se convierten en parte de nosotros.

Porque al final, como ellas mismas dicen, “entendemos la casa como un refugio”. Y qué refugio tan perfecto resulta cuando está vestido con la sensibilidad y el cariño que imprime en cada uno de sus objetos.

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